martes 12 de enero de 2010

DEJAME QUE TE CUENTE LIMEÑA 2

La veo subir por las escaleras y lo primero que pienso es: "Que tetas!!!!" No hace mucho que estoy en el segundo piso del centro comercial a donde suelo aterrizar siempre que puedo para desperdiciar mi tiempo con los juegos de vídeo. Estoy hablando de desperdiciar el tiempo y he descubierto que el tiempo es realmente relativo como lo intentó demostrar Einstein. Lo puedo determinar así en el siguiente teorema: "La velocidad con la que pasa el tiempo a través del individuo es inversamente proporcional a la edad del mismo y esta supeditada a cuan idiota es el sujeto para no darse cuenta que el tiempo pasa" Ok. Lo se. Los jóvenes no piensan en eso. Tenia diecinueve años y me importaba un comino los teoremas sobre la relatividad del tiempo o sobre si la vida tenía que ser así de buena o así de mala, si hay pobres en Africa, si el interés de la deuda externa de los países tercermundistas es un vil chantaje o sí debía o no debía de ir a la universidad. Tengo diecinueve años y soy un adolescente inmaduro y poco confiable, endeble y miedoso. Quiero sexo, beber, tocarle las tetas a la muchacha que sube las escaleras en este momento, salir con mis amigos y corrérmela mirando los vídeos pornográficos que están siempre debajo de todas mis camisetas, escondidos y expectantes para introducirse en mi querido VHS. Lástima que fui parte de la última generación de adolescentes que no tuvimos el internet como herramienta de autosatisfacción. Quizás hubiese sido un adulto mejor gracias a eso. Quizás no.

La muchacha termina de subir las escaleras y yo sigo perdiendo mi tiempo mientras sigo mirando sus pechos urgentes que a cada paso de ella suben un poquito y bajan otro poquito, suben un poquito y bajan otro poquito, suben... En fin ella pasa a mi lado y me sonríe. Yo me quedo frío. Jamás las chicas me sonríen. No soy feo pero no soy nada guapo. Soy, lo que se dice, uno más del montón. Ella es guapa y mientras sigue su camino me sostiene la mirada. Yo bajó la mía porque no soy más que un maricón de diecinueve años que no puede sostenerle la mirada a una chica bonita. Me da miedo que piense "Ja mira esa cara de pelotudo" o "Puta que feo este pata" o "Tiene una cara de pervertido el chinito este". No le puedo aguantar la mirada a nadie. Soy un mozalbete cobarde y me odio por eso. Intento redimirme y alzo de nuevo la vista y la veo irse despacio mirando los escaparates. Algo dentro de mi me impulsa a acercarme y a hablarle pero hay otra cosa que me dice quédate donde estas y no pases la vergüenza de tu vida so cojudo. Le hago caso a la segunda opción y entonces, ya que no voy a hablarle, me queda solo imaginarmela desnuda quitándose el sostén y mostrándome sus pechos y diciendome al oido "Puedes agarrar lo que quieras...". Tengo una erección y sonrío.

El gordo Manfeda sale del local de los vídeo juegos y me dice que nuestra máquina esta ya desocupada. Vamos a jugar soccer 99 de Nintendo 64. No se para qué. Siempre le gano pero como él paga no me importa...

Gol trescientos quince. El gordo Manfreda se cansa de que lo golee veinte a cero en cada partido. Se aburre y me pregunta si es que ya me quiero ir. Le respondo que sí, que ya esta bueno y que duelen los dedos. La verdad es que el gordo Manfreda me aburre todo él pero no tengo los suficientes huevos para decirle "Gordo me aburres" Hasta para eso soy miedoso. Esta vez ni siquiera recibo una erección de premio consuelo. Esta vez solo veo la cara del gordo, llena de granos sonriéndome. "La próxima vez te gano maricón" me dice. " Si gordo...Si" le respondo, suelto un suspiro y me apresto a salir del local. Pienso un instante en lo que tengo que hacer. Comprar Ketchup, mayonesa, mostaza, ajo y bisteck. Mi mamá me dio el dinero y lo tengo rebotando en mis bolsillos. Pienso en el bisteck frito y en mi papá embadurnándolo de ketchup, mayonesa y mostaza. No quiero volver a casa.

Salimos al fin del oscuro local y la luz nos ciega algo. El gordo Manfreda se va a despedir con un abrazo, yo le doy la mano. "Me llamas" me dice. "Si gordo...Si" le respondo. Me doy la vuelta en dirección a las escaleras. Pienso en ir a buscar algún libro de segunda mano. En el mercado venden muchos aunque no hay muchos que los lean. Pienso en el general Bolivar y en como murió en Santa Marta. Pienso en Garcia Marquez y en lo cojonudamente bien que escribe. Pienso en que quizás deba buscar "El Amor En Los Tiempos del Cólera" cuando me aproximo a las escaleras y ahí abajo en el primer nivel las veo rebotando un poquito para arriba un poquito para abajo, un poquito para arriba, un poquito para abajo, un poquito para arriba un poquito para... Acompañadas de su dueña: La chica guapa que me sonrío y que viste jeans desteñidos y sandalias playeras y lleva el pelo suelto, salvaje, largo, hermoso. "Una leona" . Me corrijo inmediatamente "Una leona tetuda". Sonrío y siento una picazón en la entrepierna. Bajo las escaleras a la velocidad de la luz y estoy justo atrás de ella. Prácticamente oliéndole el pelo, amándola en silencio, soñando con nuestros hijos y en como ella los alimentaria con aquellos senos de emperatriz y en como los pequeños mamarían, quizás como Rómulo y Remo y quizás lleguen a ser emperadores o funden un imperio o sean más de lo que yo pueda imaginar mucho más...

Ella siente mi presencia. Voltea algo asustada, mira directamente a mi cara de cojudo, se sorprende al verme, sonríe. Me mira a los ojos. Yo le sostengo la mirada. Y me dice: "No sabes saludar..."