martes 12 de enero de 2010

DEJAME QUE TE CUENTE LIMEÑA 2

La veo subir por las escaleras y lo primero que pienso es: "Que tetas!!!!" No hace mucho que estoy en el segundo piso del centro comercial a donde suelo aterrizar siempre que puedo para desperdiciar mi tiempo con los juegos de vídeo. Estoy hablando de desperdiciar el tiempo y he descubierto que el tiempo es realmente relativo como lo intentó demostrar Einstein. Lo puedo determinar así en el siguiente teorema: "La velocidad con la que pasa el tiempo a través del individuo es inversamente proporcional a la edad del mismo y esta supeditada a cuan idiota es el sujeto para no darse cuenta que el tiempo pasa" Ok. Lo se. Los jóvenes no piensan en eso. Tenia diecinueve años y me importaba un comino los teoremas sobre la relatividad del tiempo o sobre si la vida tenía que ser así de buena o así de mala, si hay pobres en Africa, si el interés de la deuda externa de los países tercermundistas es un vil chantaje o sí debía o no debía de ir a la universidad. Tengo diecinueve años y soy un adolescente inmaduro y poco confiable, endeble y miedoso. Quiero sexo, beber, tocarle las tetas a la muchacha que sube las escaleras en este momento, salir con mis amigos y corrérmela mirando los vídeos pornográficos que están siempre debajo de todas mis camisetas, escondidos y expectantes para introducirse en mi querido VHS. Lástima que fui parte de la última generación de adolescentes que no tuvimos el internet como herramienta de autosatisfacción. Quizás hubiese sido un adulto mejor gracias a eso. Quizás no.

La muchacha termina de subir las escaleras y yo sigo perdiendo mi tiempo mientras sigo mirando sus pechos urgentes que a cada paso de ella suben un poquito y bajan otro poquito, suben un poquito y bajan otro poquito, suben... En fin ella pasa a mi lado y me sonríe. Yo me quedo frío. Jamás las chicas me sonríen. No soy feo pero no soy nada guapo. Soy, lo que se dice, uno más del montón. Ella es guapa y mientras sigue su camino me sostiene la mirada. Yo bajó la mía porque no soy más que un maricón de diecinueve años que no puede sostenerle la mirada a una chica bonita. Me da miedo que piense "Ja mira esa cara de pelotudo" o "Puta que feo este pata" o "Tiene una cara de pervertido el chinito este". No le puedo aguantar la mirada a nadie. Soy un mozalbete cobarde y me odio por eso. Intento redimirme y alzo de nuevo la vista y la veo irse despacio mirando los escaparates. Algo dentro de mi me impulsa a acercarme y a hablarle pero hay otra cosa que me dice quédate donde estas y no pases la vergüenza de tu vida so cojudo. Le hago caso a la segunda opción y entonces, ya que no voy a hablarle, me queda solo imaginarmela desnuda quitándose el sostén y mostrándome sus pechos y diciendome al oido "Puedes agarrar lo que quieras...". Tengo una erección y sonrío.

El gordo Manfeda sale del local de los vídeo juegos y me dice que nuestra máquina esta ya desocupada. Vamos a jugar soccer 99 de Nintendo 64. No se para qué. Siempre le gano pero como él paga no me importa...

Gol trescientos quince. El gordo Manfreda se cansa de que lo golee veinte a cero en cada partido. Se aburre y me pregunta si es que ya me quiero ir. Le respondo que sí, que ya esta bueno y que duelen los dedos. La verdad es que el gordo Manfreda me aburre todo él pero no tengo los suficientes huevos para decirle "Gordo me aburres" Hasta para eso soy miedoso. Esta vez ni siquiera recibo una erección de premio consuelo. Esta vez solo veo la cara del gordo, llena de granos sonriéndome. "La próxima vez te gano maricón" me dice. " Si gordo...Si" le respondo, suelto un suspiro y me apresto a salir del local. Pienso un instante en lo que tengo que hacer. Comprar Ketchup, mayonesa, mostaza, ajo y bisteck. Mi mamá me dio el dinero y lo tengo rebotando en mis bolsillos. Pienso en el bisteck frito y en mi papá embadurnándolo de ketchup, mayonesa y mostaza. No quiero volver a casa.

Salimos al fin del oscuro local y la luz nos ciega algo. El gordo Manfreda se va a despedir con un abrazo, yo le doy la mano. "Me llamas" me dice. "Si gordo...Si" le respondo. Me doy la vuelta en dirección a las escaleras. Pienso en ir a buscar algún libro de segunda mano. En el mercado venden muchos aunque no hay muchos que los lean. Pienso en el general Bolivar y en como murió en Santa Marta. Pienso en Garcia Marquez y en lo cojonudamente bien que escribe. Pienso en que quizás deba buscar "El Amor En Los Tiempos del Cólera" cuando me aproximo a las escaleras y ahí abajo en el primer nivel las veo rebotando un poquito para arriba un poquito para abajo, un poquito para arriba, un poquito para abajo, un poquito para arriba un poquito para... Acompañadas de su dueña: La chica guapa que me sonrío y que viste jeans desteñidos y sandalias playeras y lleva el pelo suelto, salvaje, largo, hermoso. "Una leona" . Me corrijo inmediatamente "Una leona tetuda". Sonrío y siento una picazón en la entrepierna. Bajo las escaleras a la velocidad de la luz y estoy justo atrás de ella. Prácticamente oliéndole el pelo, amándola en silencio, soñando con nuestros hijos y en como ella los alimentaria con aquellos senos de emperatriz y en como los pequeños mamarían, quizás como Rómulo y Remo y quizás lleguen a ser emperadores o funden un imperio o sean más de lo que yo pueda imaginar mucho más...

Ella siente mi presencia. Voltea algo asustada, mira directamente a mi cara de cojudo, se sorprende al verme, sonríe. Me mira a los ojos. Yo le sostengo la mirada. Y me dice: "No sabes saludar..."

lunes 7 de diciembre de 2009

DEJAME QUE TE CUENTE LIMEÑA 1

Matías la miró con ojos acuosos y le suplicó de nuevo: "No me dejes". Ella mirándolo fijamente a los ojos le increpó diciéndole que de nada sirve llorar. A Matias el mundo se le iba en ese momento. La vida adquiría color de mierda y el pecho se le despedazaba. Tragaba saliva y hasta eso le dolía. No podía concebir que hasta hace solo una semana se hubiesen amado. O al menos era lo que había creído. "Sin ella no soy nada" se repetía para si mismo. "Sin ti no soy nada" le dijo a ella. "No Matias. Te quiero mucho pero esto ya no da más. Sé consciente". Para ella el trámite era solo eso: Un mero trámite. Matias el chico que le había ayuda a superar la ruptura con Diego. Su novio de toda la vida. Había sido su salvavidas momentáneo. Su flotador de goma en el inmenso naufragio de su ruptura. Y bueno... Ahora Diego había regresado y le pedía a ella que vuelva a su lado y bueno ni loca voy a desperdiciar esta oportunidad de volver con Diego. Matias eres lindo, pero solo eso...

Matías le recordó todo lo que había hecho por ella. Las noches que aguanto su llanto dejando que le mojara sus mejores camisas con sus lágrimas y con sus mocos. Ese llanto que ella desprendía después de que Dieguito la mandara a la mierda por una de las chicas Marlboro. Una de esas chicas que no tienen dos dedos de frente pero que tienen más de veinte dedos de culo y quince de tetas... Sí. Se repetía para si mismo. Todas esas noches en la que ella lo llamaba a las tres de la mañana al celular para contarle sus desviaros y él soportaba con amor a media madrugada aquel descargue de bilis en contra del muy ya reputeado Diego. Él en esos tétricos momentos la escuchaba y consolaba y aconsejaba y guiaba y perdonaba su falta de tino. Porque ¿A que enamorada cojuda se le ocurría hablar todo el día de su ex novio de toda la vida?. A él no le importaba. Él la había amado en silencio desde la época del colegio y había visto con dolor como Diego, el chico más deseado del salón se hacia con la chica más deseada. Vio como llegaron a la Universidad Católica los tres juntos y como ellos dos se reventaban a besos entre clase y clase. Vio como se terminaban graduando los tres como bachilleres en ciencias políticas y derecho y vio también como Diego después de casi ocho años de relación la había mandado a la mierda. Pero ahí estaba él. El eterno enamorado. El platónico. El tácito. El que daría todo sin que prácticamente le dieran nada a cambio...


Y por eso Matias sufría en ese instante. Le dolía ser lo que él sabía que le tocaría ser un día. Un chivo expiatorio. Un daño colateral. El muerto sin suerte al que le ha caído unos segundos antes la bala perdida después de haber rebotado en cinco paredes, un poste de alumbrado eléctrico, un poste de teléfono, una piedra, el asfalto y al final introduciéndose en su arteria femoral había terminado por desangrarlo en menos de dos minutos. Eso se lo esperaba un día. Pero aún así esperaba que es día nunca llegara. Aun así ese día llego. Osea hoy día carajo la muy pendeja me deja. Las lágrimas le inundaron de nuevo los ojos y el poco orgullo que iba ganando en su fuero interno se disipo al verla darse la vuelta y dirigirse a la puerta del departamento. "No te vayas por favor. Te amo. Te lo suplico". "Soy un maricón de mierda" se dijo para si mismo y sí era verdad: Era un pobre arrastrado. Matias hacia lo que todo hombre realmente enamorado hace el día que lo dejan. Llorar como un niño. Suplicar como una mujer. Ronronear como un gato y buscar el lado materno de esa chica que te esta mandando para el carajo. Intentar parecer un bebe desprotegido y hacer que se sienta la madre que todavía no es para que así pueda volver sobre sus pasos con un ternura desconocida, levantarse la camiseta , bajarse el sostén y así dejar que le chupen el pezón de nuevo...

Matias recurrió a todos los argumentos. Al valentón al principio. Al llorón unos minutos después. A ella ninguno le convenció. Su instinto maternal estaba más dormido que el instinto maternal de los espartanos para con los niños que nacían con alguna deformación. No le sirvió de nada gritar, chillar, susurrar, suplicar, engullir saliva. Diego sin estar ahí era mucho más fuerte que él y punto. Ella abrió la puerta, salió y la cerró sin mirar atrás. Matias se sentó en la cama sobre su edredón de plumas de ganso. Acercó su cara al colchón y aspiró el olor de ella impregnado a la sábanas, al edredón y a las plumas y al ganso, osea a él.
Lloró.

martes 1 de diciembre de 2009

CLASE DE HISTORIA

-¿Quién fue Hitler?
-Fue un dictador alemán que ocasionó la segunda guerra mundial.- Respondí.
-Yo escuche que el güey ese mató harta gente. - Opinó Amado.
-Cierto mato mucha gente, en especial judíos. - Le dije.
- Oye güey ya que lo mencionas. ¿Qué es un judío?- Alzó la voz desde la cama Martín.
-Bueno un Judío es una persona que cree en el antiguo testamento y no en el nuevo. Y se le llama judío también al miembro del pueblo elegido por Dios para recibir la biblia y bueno se les reconoce porque les cortaron la piel de la verga cuando eran bebes. - Murmuré sin mucha seguridad.
-Pero Jorge güey tú no tienes pellejo como nosotros en la verga. ¿Eso te hace judío?- Dijo Amado.
-No. Porque me bautizaron como cristiano y creo que se necesita padres judíos para ser judío. No basta con que el doctor en el hospital te haga la circuncisión para que seas automáticamente Judío.- Afirmé.
-Ahhhh ¿Y porque te lo cortaron güey?- Curioseo Jose.
-Por higiene, eso es lo que dicen los médicos.
-Pinche Jose deja de preguntar mamadas y déjalo contar la historia- Refunfuño Martín - ¡Jorge sigue contando la historia del pinche Histler!....- Alzó la voz.
-Ok bueno Hitler mató más de seis millones de judíos porque para él eran pertenecientes a una raza inferior y además eran una amenaza económica para Alemania. Él consideraba la raza aria, perdón. La raza blanca como la raza superior y bueno quiso hacer una especie de limpieza étnica y de paso deshacerse de los principales poseedores de riqueza.
-Eso es mentira Jorge- Afirmo Antenor que hasta ese momento no había abierto la boca y que parecía estar dormitando sobre una silla.
-Hitler mató a los judíos porque ellos mataron a cristo- prosiguió - Eso lo decia mi abuela. Los culpables de todos los males en este mundo son esos herejes judios que mataron a nuestro señor.- Recito esto último imitando la voz de una mujer vieja y nos causo una sonrisa a todos.
-Mira Antenor los romanos enjuiciaron a Cristo junto con Barrabas que era un ladrón común y corriente y el gobernador romano Poncio Pilatos les dio la potestad a los judíos que exculpen a uno de los dos. Y ya que Jesús siendo judío decía que era el mesías, eso encojonó a la mayoría de judíos religiosos que no creían que el fuera el enviado de dios y se decidieron por exculpar a Barrabas e indirectamente dejar que Jesús....

Sonaron unos toquecitos en la puerta...

-¿Quién es? pregunto Amado.
-Panocha, fresh pussy for you.
-No jodas. - Dije- Es la puta negra que no tiene dientes. Dile que se vaya a mierda. Estamos en medio de clase de historia.
-We no pussy today. Gracias- Dijo Amado sonriendo a través de la puerta.
-Good chupadas guys, come on. Open the door...
-Creo que yo necesito una mamada Jorge- Dijo Amado sonriéndome y como pidiéndome permiso.
-No jodas Amado, tanto jodiste para clase de historia y ahora después de cinco minutos te quieres largar con una drogadicta sin dientes. La próxima vez le hago caso a Jose y le doy clase de poesía.
-"Cuerpo de mujer, blancas colinas muslos blancos..." -Recitó Jose sonriendo.
-Mañana te recito más de Neruda, para que te aprendas el poema completo y se lo recites a tu señora por teléfono aunque sea -Dije mirando en dirección a Jose.

Amado abrió la puerta y vimos la silueta de la puta que rondaba el motel todas las noches desde que estábamos en Pine Bluff. Daba lástima. Escuálida con una pintura escandalosa y mal puesta en la cara, con las manos temblando y con una mirada de ansiedad que jamás voy a olvidar. Personalmente me daba asco. Al resto no parecía molestar que de cuando en cuando les hiciera un servicio oral. Pero a mi no la hubiese dejado tocarme un pelo. Amado salió sonriéndonos y nos dijo que iba a estar en su cuarto diez minutos y que regresaba para seguir la clase. Le dije que cuando regresara ya estaríamos al final de la guerra de Vietnam y que se joda porque no pensaba repetirle la historia y así tu hijo se va a dar cuenta que eres un pinche ignorante güey.Esto último se lo dije con algo de resentimiento... Amado no dejó de sonreir y cerró la puerta muy despacio. Intenté pensar en que carajos era lo último que había estado diciendo y solo se me presentaba la imagen de la prostituta sin dientes...

Antenor me lo recordó:

-¿Así que Jesus era judío?- Lo dijo con un tono algo lastimero.
-Sí- respondí - Siento decepcionarte.
-No me decepciona, solo me sorprende que mi Dios sea judío...
-Bueno, creo yo que nos estamos desviando del tema histórico al teológico- le dije.
-¿Al teoque?????- me respondió con los ojos muy abiertos.
-No importa. Me refiero que nos estamos metiendo en cuestiones religiosas. Jesús era judío y no tiene nada malo serlo. Que eso te quede claro Antenor.
-Lo que tu digas- me dijo mirando al piso.
-Bueno- continué- Hitler mató mucha gente inocente, hasta que los gringos estos junto con los británicos y los franceses le ganaron la guerra y bueno murió y desde esa época hasta hoy día, matanzas como las de ese tipo no se han vuelto a repetir...
-Pero los gringos putos matan gente en Irak- dijo Martín.
-Los gringos quieren todo lo bueno de todo el mundo- le respondí.
-Por eso a mi me gusta Neruda- contestó Jose -Además de amor en los poemas que recitaste ayer habla de igualdad. Habla de trabajar todos juntos por el bien de todos.
-Eso se llama socialismo- dije.
-No me importa como se llama Jorge. Así es como el mundo debería trabajar. No como hoy en día que los gabachos roban todo lo que quieren de donde quieren y tú y yo tenemos que trabajar como mulas para meternos algo de comer a la boca y mandar algo a nuestras familias...

Pensé en casa. En mi novia. En cuan mimado había sido. En donde me encontraba ahora. En Pine Bluff. En Arkansas. En medio de la nada. Sin nadie. Con unos cuantos trabajadores mexicanos que casi no saben leer ni escribir y que aún así en pocos meses han pasado de ser la gente invisible que te lava el carro en el CarWash a ser lo más cercano a una familia.

-Los gringos son una mierda, tienes razón Jose - dije.
-Bueno ayer me enseñaste a leer a Pablo Neruda y hoy yo te he enseñado que los americanos son una mierda como Histler, entonces estamos a mano.
-No no estamos a mano- le dije- Me enseñaste a clavar clavos en tres golpes y gracias a eso puedo comer ahora. Aunque sea un Burger King al día...

Martín se levantó de la cama, prendió el pequeño televisor y a continuación se escucharon los gemidos de la actriz porno. Era el único canal que tenia aquel motel en medio de la carretera. Pinche güerita mira como la hace mierda el musculoso ese. Miré la imagen de la chica que estaba siendo penetrada. Pensé que quizás si hubiese tenido otras oportunidades no se hubiese dedicado a esa mierda de trabajo. Pensé por primera vez que los estados unidos podían ser la Alemania de mi época y que George W. Bush nuestro Hitler. Pensé en Jose y en Neruda. En como pobreza y deseo de igualdad se funden en automático. Pensé en que seria de mi en otros seis años. Quizás siga dando vueltas por los Estados Unidos o quizás este en algún otro lado. Quizás la tierra de los benditos judíos. Quien puede saberlo...

domingo 29 de noviembre de 2009

NOCHE EN ROMA

Estoy cansado de ella pero sigo empujando mis caderas con fuerza. Ella esta con los ojos entrecerrados, disfrutando supongo yo. No dejo de moverme y siento que el sudor me empieza a chorrear por la espalda. Ella casi no hace ruido y eso me molesta. Quiero que sea como en película pornográfica. Quiero que grite. Me siento imponente por no poder hacerla gritar. Su actitud en el sexo me hace despreciarla aún más. Ya no la amo. Lo sé. Estuvo bien en su momento pero ahora no es más que un cuerpo al que penetro. Quiero terminar y largarme de esta cama. Mejor que ella se largue: Este es mi departamento. Ya no la amo. Tengo que meterle el dedo al culo y quizás así me venga de una vez por todas. Sí, eso me excita. Me voy a venir. Lo estoy haciendo. Ella no grita. Solo abre un poco más los ojos mirando directo a los mios. Ella me ama. Lo sé. Yo no la amo. Ella no lo sabe. Me vengo al fin. Suelto un par de gemidos tristes. Sé que es mi último polvo a su lado. Estoy seguro que más tarde voy a buscar algún pretexto estúpido para terminar con ella. Me voy a enojar y hacer un escándalo por nada. Voy a sacar la verga de una vez. Ahora que terminé ya ni ganas tengo de estar cerca de ella. Me quiere besar en la boca. Yo la beso en la frente y me levanto. Mi pene chorrea algo viscoso. Ella no se ha venido. Lo sé pero no me importa. Que se resienta. Ella no lo hace. Me mira con amor disculpándome por no saber tirar y no hacerla llegar a un orgasmo como dios manda. Le pido el papel higiénico. Esta a tu lado le digo. Ella me lo pasa con una sonrisa cómplice. No puedo oler más el humor de este cuarto. El humor de ella en mi cuarto. Es mi departamento y quiero que se largue de una vez. No se como decirle vete. No quiero que me haga un berrinche. No tengo ganas de escuchar sus quejas ni de limpiar sus mocos. Quiero meterme otro polvo con la chica de Milano con la que me acosté ayer. Esa es una mujer. Esa grita y me vuelve loco. Esta solo me ama. Soy un idiota lo sé. Prefiero un buen polvo que una buena mujer. Pero que puedo hacer. Soy hombre y no hay nada que me convence más que un buen par de tetas, una cara bonita y unos gritos locos en la cama. ¿Como decirle ya no te quiero? ¿Como decirle ya fuiste? ¿Como no herirla tanto? ¿Como?... A la mierda. La frase de siempre. La super conocida: Quiero un tiempo. No estoy seguro de mis sentimientos. Sí eso es. Eso al menos no le pegara tan duro. Pero no le dejará dudas de que otra cosa me interesa. No puede pensar de que quiero un tiempo para estar más con mis amigos. Ella va a captar el mensaje. Le voy a decir indirectamente que estoy probando con otra. Y si no te gusta termíname entonces. Me limpio el pene con el papel higiénico. Ella se adormece en la cama y se tapa con las sábanas. Voy al baño, me tiro un par de pedos. Me decido a decirle lo del tiempo. Entro en la habitación y le digo:

¿Mi amor puedo hablar contigo?

sábado 28 de noviembre de 2009

VEINTITRES DE NOVIEMBRE

Estoy en el camión blindado que nos introduce en los territorios palestinos. En unos instantes pasaremos de la zona azul a la zona roja. Son las dos de la madrugada. El camión tiene un sistema de silenciadores para el motor y para el tubo de escape. Unos minutos después llegamos al lugar donde procederemos a arrestar al terrorista que los servicios secretos israelíes buscan desde hace un par de años. Rodamos por las calles de la aldea de una manera casi desapercibida. Un perro se despierta y se escuchan sus ladridos. Tenemos que apurarnos. En unos minutos la gente se enterara de nuestra presencia en el lugar...

Abdul Salame esta atento dentro de su casa. A pesar de que esta ya muy entrada la noche presiente algo. Quizás esta sea la noche en la que los judíos lo vengan a buscar de una vez. Quizás esta sea la última noche de su vida. Piensa detenidamente en lo que debe hacer. Tiene mujer e hijos no puede escapar y dejarlos atrás. Se siente sitiado echado en su cama con su esposa al lado. Quizás esta noche no sea la noche y solo este pensando en vanalidades debido a su falta de sueño. Quizás los judíos nunca lo encuentren, total ya pasaron dos años. Quizás deba cerrar los ojos he intentar dormir...

El camión llegó al punto en el cual las dos unidades del ejercito israelí continuaran el recorrido a pie. Estoy al mando de una. Es mi primera vez al mando de una unidad en una operación en la zona roja. Estoy nervioso. Pienso en casa, en mi esposa, en mis padres. Intento no demostrar nerviosismo. Avanzo hasta mi lugar correspondiente en la hilera de hombres. Estamos a trescientos metros de la casa que debemos cercar y luego proceder al arresto...

Abdul Salame escucha el ladrido de los perros. Eso lo inquieta. El ejercito israelí siempre levanta un mar de ladridos en sus incursiones en las aldeas palestinas. Pero eso también lo hacen un par de gatos, así que nunca se sabe. Abdul piensa en los perros y en los gatos y en cómo carajos se metió en el lío en el que está atascado. Piensa en su hermano muerto tres años atrás por una bala perdida de una batalla callejera entre los judíos y la Yihad Islámica. El grupo que lo capto después del suceso y le dio la oportunidad de vengarse. El mismo grupo que le entrego el fúsil automático con el que consumaría su ajuste de cuentas. Abdul recuerda como planeo el atentado contra colonos judíos en Gush Etzion. No era un plan brillante, era solo pasar con el auto y disparar a la gente parada en la estación de buses al lado de la carretera y huir lo más rápido posible. Recordó la adrenalina al ver los tres cuerpos caer al piso después de apretar el gatillo y como su pie apretó el acelerador del auto para salir de ahí rápido, muy rápido...

Tomo la cabecera de la fila y empiezo a caminar, intentando hacer el menor ruido posible. He aprendido el mapa de la zona de memoria. Se que en unos tres minutos debo ver la casa de dos pisos que mis hombres deben cercar. Sé que la otra unidad se mueve en paralelo por otra ruta para formar el segundo circulo de seguridad en caso de que Abdul Salame se me escurra de las manos. Se que no lo va ha hacer. Estoy dispuesto a morir y a matar por ello. El fusil esta frío. La noche esta helada. Pienso por un instante en que demonios hago aquí. Dejo de pensar en aquello y me concentro en la casa que ya esta a la vista...

Abdul Salame piensa en que no merece esta vida de fugitivo que vive. El solo ha hecho justicia. Los judíos le quitaron a su hermano. El mato a uno e hirió a otros dos. No se siente un terrorista. No comparte ideas extremistas del islam. Estaba enfurecido y actuó de acuerdo a esa furia. Al fin y al cabo Dios lo dijo: "Ojo por ojo, diente por diente" ...

Reparto a los hombres en las cuatro esquinas de la casa. Al cabo de unos minutos recibo por radio el "En posición" de cada esquina. Yo y otros cuatros soldados somo los encargados de entrar en la casa. Tomo una piedra del piso. Me encuentro a unos diez metros de la puerta, al otro lado de la calle, como medida de precaución. El terrorista podría poner cargas explosivas y al acercarnos hacerlas explotar y así eliminarme de la faz de este mundo. Es el precio de ser oficial. Entrar primero. Morir primero. Dejo de filosofar y siento la piedra que tengo en la mano. La arrojo contra la puerta de metal y escucho el estrépito en medio de la noche. Iftaj al bap !!! grito en árabe. Pido que abra la puerta. Solo escucho el silencio...

Abdul Salame se levanta de un salto de la cama. No pensaba en esto por las puras. Lo ha presentido todo. Los judíos han cercado su casa. El endemoniado ejercito israelí esta que le toca la puerta. Sabe que va a morir hoy. Tiembla de miedo y siente que la mierda se le revuelve en las entrañas. No se las va a dar tan fácil a esos perros judíos. Primero va llevarse a todos los que pueda consigo. Su mujer esta llorando y le pide que se entregue por las buenas. Ella le dice que piense en los niños. Que no haga ninguna estupidez. Abdul Salame esta en trance. Seguro de que es el fin de todo lo que el conoce. Besa a su esposa en la frente y le pide que cuide a los niños. Una lágrima le chorrea en la mejilla izquierda. Camina rápido, abre el ropero, saca su Kalashnikov con el cargador de 36 balas que solo tiene siete dentro. Lo carga, rastrilla y se acerca a la ventana...

La casa tiene dos pisos. Observo detenidamente a la segunda planta que es donde Abdul duerme junto a su esposa y sus hijos. Me pregunto como hacen los de inteligencia para saber todos esos datos. Mientras pienso en cuantos topos tendrán metidos en los territorios palestinos veo una cortina que se abre y que se cierra inmediatamente. Ahora todo esta dicho. Si en esa casa no hubiera nadie culpable de nada lo primero que hubiesen hecho al escuchar el pedrón en la puerta es prender la luz. En este caso las luces se mantenían apagadas. Informo a los hombres que se preparen que me voy a acercar a la puerta a poner la carga para volarla. Pienso en mi esposa mientras saco el paquetito de C-4 de uno de los bolsillos de mi chaleco de combate. Le quito la envoltura, escojo a un muchacho que se llama Bar para que vaya conmigo y empiezo a cruzar la calle dirigiendo mi rumbo con decisión hacia la puerta de metal...

Abdul Salame ve a dos soldados cruzar la calle en dirección a la puerta de la casa. Con toda la indumentaria de combate parecen dos robots que se acercan en su dirección. Quizás deba de sacar el cañón del arma por la ventana y disparar de una vez por todas. Quizás deba esperar a que entren. Quizás deba buscar al oficial y volarle la cabeza y así el resto se desorganizaría. Quizás deba buscar un buen lugar para los niños... Abdul Salame se dirige con el Kalashnikov y sus siete balas a la habitación de sus hijos, ahí esta su mujer llorando mientras abraza a los pequeños. Ella le vuelve a pedir que deje el arma. Él le vuelve a pedir a todos ellos que se metan al baño y que se queden ahí pase lo que pase...

El C-4 esta pegado en las bisagras de la puerta, los detonadores en su sitio. Me pego con Bar a la pared de la casa. Apretó el botón que libera una pequeña descarga eléctrica. Una explosión hace volar la puerta hacia adentro. Bar se acerca al borde del forado y tira una granada de ruido dentro de la casa. Suena el estrépito. Los otros tres soldados del grupo de incursión cruzan la calle a la carrera. Los perros de todo el planeta ladran sin control. Nadie sale de sus casas ni se asoma. Saben que estamos ahí pero es mejor no meterse en lo que a uno no le incumbe. Una vez que todo el grupo esta pegado a la pared de la casa les informo que vamos a entrar en tres, dos, uno y doy el primer paso dentro del hogar de Abdul Salame...

Abdul Salame escuchó la primera detonación cuando se acercaba a las escaleras con el fusil. Pretendía bajar a la sala y esperar tranquilamente a que el primer soldado entre para disparar. La explosión de la puerta lo desoriento un poco pero al cabo de dos segundos entendió que la puerta de metal había sido volada y que esta se encontraba en medio de la sala. Del hueco que dejó la explosión se filtraba la tenue luz del alumbrado eléctrico y la de la luz de la luna. Se decidió por fin a bajar cuando vió que alguien lanzaba algo dentro del recinto. Escuchó una explosión diez veces mas fuerte que la anterior. Pensó que los oídos le habían explotado. Se sentía completamente desorientado. Qué hacía en la escalera. Qué diablos le había pasado a su sala. Por qué no escuchaba nada fuera de ese pitido insoportable en los oídos...

Intenté ver en lo posible dentro del humo de la granada de ruido. No debía dejar que el efecto perturbador que tenía se perdiera. Dura a lo mucho unos treinta segundos. Mientras apuntábamos hacia todos lados buscando señales de vida me acerque lentamente esperando que alguien bajase de las escaleras. Vi en ese momento la silueta de un hombre tomarse la cabeza con ambas manos. Un arma a sus pies. Mi corazón latió más fuerte de lo que ya estaba latiendo. Pensé en disparar. Pensé en no hacerlo. Vi que el hombre miraba a todos lados asustado. Sentí algo al ver su rostro acabado. Un hombre de veintiocho que parece de cuarenta. Un hombre de mi misma edad que pudo ser mi victimario pero que quizás con mas seguridad sea mi víctima. Un padre, un esposo como yo. Un peón más de este inmenso juego de ajedrez que es la guerra. Un peón como yo...Wakef solhana batuja!!!! Alto o disparo!!! grité en árabe a Abdul Salame. El hombre me miró a los ojos y miró el arma en el piso. Me devolvió la mirada y alzó las manos...


COME BACK

Acabo de regresar del ejercito, voy al fin, poder actualizar este blog un poco más seguido. He tenido una sequía intelectual también y siento que de todos los pensamientos últimos que me han invadido, casi ninguno ha valido una publicación. Espero que las últimas experiencias por aquí y por allá a las que me ha arrastrado mi eterna curiosidad me sirvan de inspiración para cualquier historia oportuna. Un relato, una experiencia, un cuento hilarante. Espero empezar a escribir un poco más seguido y gracias a todos por leer...

domingo 13 de septiembre de 2009

VOTOS

Prometo:


Amarte hasta el último amanecer del último de mis días.
Llenarme de paciencia cuando la confusión nos lleve a la deriva.
Intentar parecerme un poco mas a ti y así poder ser un poco mejor cada día.
Sobrellevar lo peor y disfrutar lo mejor siempre a tu lado.
Dar todo lo que de mi dependa para que seamos dos viejos llenos de recuerdos felices.
Intentar hacerte feliz con todas mis fuerzas y con todos mis medios.
Hacer de ti una feliz y orgullosa mamá.
No dejarte nunca y acompañarte en los peores momentos, en los que duele mucho, en los que parece que todo termina.
Vivir para ti y por ti; para mi y también para nosotros.
Contagiarme de cada sonrisa que me des y devolverte una a cambio.
Nunca cambiar lo mejor de mi y darte de eso lo mas que pueda.
Jamas perder el rumbo de lo que es realmente importante en la vida.
Y por último: Jamás dejar de sentir que eres... Indispensable, imprescindible, inevitable, obligatoria, irrefragable, vital y sobre todo el amor de mi vida.

PS: Llegaron con un atraso de cinco años, cinco meses y trece días. Es culpa del cartero.